Crónicas para un centenario

CRÓNICAS PARA UN CENTENARIO 87 UNA DOBLE VOCACIÓN: LA INVESTIGACIÓN Y LA DOCENCIA Desde los inicios del Instituto Español de Oceanografía sus investigadores han venido mante- niendo una estrecha relación con las instituciones de enseñanza, hecho que se pone de manifiesto por la procedencia universitaria de su fundador y de los primeros componentes de la plantilla. Esta tradición se mantuvo a lo largo de los años entre el personal de los Laboratorios Centrales en Ma- drid, con brillantísimos ejemplos como los de Cerezo, Gimeno, Montequi, Otero Aenlle, Lozano Rey y Lozano Cabo, catedráticos numerarios de varias universidades, entre otros. Por lo que respecta a los investigadores destinados en los Centros Oceanográficos, en muchos casos en ciudades diferentes a la de origen, a la vocación docente se unía la motivación económica, ya que para llegar a fin de mes se veían obligados a complementar su sueldo del Laboratorio, con otro procedente del ejercicio de la enseñanza. Tanto es así que cuando el biólogo Miguel Pérez viene destinado como ayudante al Laboratorio de Vigo en 1918, una Real Orden le concede una gratificación anual para complementar sus ingre- sos, al no existir en Vigo un Instituto de enseñanza en el que pudiera impartir clases. Establecido en Vigo un Instituto de Segunda Enseñanza, uno de sus catedráticos, Ricardo Aldama Herrero, fue requerido por el Instituto para poner en marcha las experiencias para la repoblación litoral pes- quera en 1935. Entre los primeros componentes del cuadro docente de dicho Instituto figuraban José María Navaz y Luis Alaejos. Navaz ejercería también la enseñanza en las Escuelas Normales de Pontevedra. En los años siguientes las actividades docentes eran habituales entre los investigadores des- tinados en Vigo. Una vez terminada la jornada laboral de seis horas, eran libres de aceptar otros puestos de trabajo al no estar limitados por cláusulas de dedicación exclusiva. Algunos ya tenían experiencia, por haber sido profesores auxiliares o de clases prácticas en sus respectivas univer- sidades, mientras que otros, dada su juventud, se iniciaron en la enseñanza en diferentes centros educativos de la ciudad. Además del ya mencionado Instituto de Segunda Enseñanza, entre los colegios en los que ejercieron la enseñanza figuran el Apóstol Santiago de los jesuitas, el colegio de Cluny, la Academia Muro y el colegio Labor. El caso del colegio Labor merece ser destacado. Entre 1943 y 1955, de forma casi ininterrumpi- da, varios licenciados destinados en el Oceanográfico complementaron su jornada laboral como profesores de este colegio. Para el Labor la presencia en Vigo de estos investigadores suponía el acceso a una cantera de profesionales bien formados para impartir las asignaturas de ciencias, contribuyendo así al alto nivel de su cuadro de profesores. El primer investigador en colaborar con el colegio Labor fue José María Navaz, como profesor de ciencias de 7º curso en 1943-44 y 1944-45. Al ausentarse Navaz de Vigo le sustituyó, como profesor de la misma asignatura, Fernando Lozano Cabo en los cursos 1945-46, 1946-47 y 1947-48, y a este, temporalmente, José Amengual Ferragut. También fueron profesores de ciencias en el Labor unos jovencísimos licenciados: Antonio Fernández del Riego y Miguel Oliver Massutí (este en los cursos 1948-49 y 1949-50), hasta el punto de ser confundidos con los alumnos de los últimos cursos. Unos años más tarde el puesto de profesor de ciencias fue ocupado por Manuel López Benito y final- mente por Félix Cabañas Ruesgas en los cursos 1953-54 y 1954-55. El paso de estos investigadores por el colegio es todavía recordado por la familia Saborido, propietaria del Labor, especialmente por su ex-director D. Sergio Saborido Comesaña, que guarda numerosos recuerdos y anécdotas de aquellos años. La otra institución de enseñanza viguesa, en este caso de rango universitario, de la que fueron profesores varios miembros del Oceanográfico, fue la Escuela Universitaria de Ingeniería Técnica Industrial (Escuela Técnica de Peritos Industriales). El primero en colaborar con la Escuela fue An- tonio Fernández del Riego que entró como profesor en 1943, adquiriendo la plaza de catedrático numerario de Tecnología Química, Metalurgia y Electroquímica en 1945, puesto que ocupó hasta su jubilación. Antonio Arévalo Arocena fue profesor en el curso 1947-48. Unos años más tarde fue también profesor Lorenzo Rodríguez Molíns. Entre 1955 y 1973 José Ramón Besada Rial desempe- ñó los puestos de maestro de Taller Químico, adjunto de Análisis Químico e Industrias Químicas y encargado de cátedra de Química Industrial.

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