Crónicas para un centenario

CRÓNICAS PARA UN CENTENARIO 120 Jimeno mantenía una buena relación personal y profesional con el Dr. Hedges, director del Insti- tuto Internacional del Estaño, y experto en problemas de corrosión, y le convenció para que viniera a España a poner en marcha esos estudios. En 1947 Hedges mantuvo una serie de entrevistas en Madrid y realizó detenidas visitas a los Laboratorios de Santander y Vigo, para estudiar la posible ubicación de probetas (planchas metálicas) en el mar para la experimentación. En Vigo estaba An- tonio Arévalo Arocena que, bajo la dirección de Jimeno, había empezado su tesis doctoral sobre la corrosión. Las experiencias comenzaron en abril de 1948 con la inmersión de una serie de probetas en la Base Naval de Ríos, en la ría de Vigo, y terminaron en enero de 1949. Arévalo se hizo cargo de las observaciones sobre la corrosión química y Fernando Lozano siguió la evolución de las incrus- taciones biológicas sobre las planchas. Las incrustaciones reducen la velocidad e incrementan el consumo de combustible de los buques haciendo necesaria su entrada en dique para limpieza de los cascos, por lo que era importante encontrar tratamientos para eliminarlas. A lo largo de 1950, Mª de los Ángeles Alvariño llevó a cabo experiencias sobre incrustaciones en planchas metálicas sumergidas en los pantalanes de la Marina de Guerra, en el lugar de El Vis- pón, en la ría de Ferrol, a las que previamente se les habían aplicado diversos tratamientos de protección. Mensualmente se examinaba una plancha al microscopio para determinar la eficacia de las capas protectoras, el grado de protección y la composición y sucesión de los organismos incrustantes. Simultáneamente con estos estudios, en Madrid Jesús Aravio Torre y Emilio Jimeno llevaban a cabo diversos experimentos sobre pinturas submarinas para la protección de cascos de acero, probando la acción de los wolframatos como inhibidores de la corrosión, las propiedades anticorrosivas de los pigmentos y la acción de las pinturas anti-incrustantes. Con los resultados de estos estudios se redactó un amplio informe para el Almirante Jefe del Estado Mayor de la Armada, que posteriormente fue enviado a la Dirección de Material y a la Fábrica de Pinturas de la Armada. En 1953 la Subdirección del Instituto decidió reanudar los ensayos sobre la resistencia de las pin- turas submarinas al agua de mar, encargándole de nuevo a Alvariño el estudio de la parte biológica, en Vigo. Desde Madrid se enviaron 72 planchas de hierro para hacer las experiencias. Los prepara- tivos para iniciarlas: la construcción de unas armaduras metálicas para la inmersión de las planchas y la búsqueda de una localización segura para sumergirlas se alargaron más de lo previsto y, ante la marcha de Alvariño a Inglaterra, fue Ángel Ezama Sancho el que se hizo cargo de las pruebas. Unos meses más tarde, la desaparición de las planchas impidió la continuación de las experiencias. En 1957, a petición del director del Instituto, almirante Génova, el Departamento de Físico-Quí- mica planificó una nueva serie de experiencias para el control de pinturas submarinas. Bajo la di- rección de Emilio Jimeno, participaron en el estudio Antonio Arévalo y Fernando Lozano en Ma- drid, con la colaboración de los químicos Antonio Rodríguez de las Heras, Rafael López Costa y Lorenzo Rodríguez Molíns y del biólogo Félix Cabañas Ruesgas, del Laboratorio de Vigo. Para llevarlas a cabo se solicita de nuevo, a través del ministro, el acceso a las seguras instala- ciones que la Marina tenía en Ríos (ría de Vigo), ahora convertidas en Escuela de Transmisiones y Electricidad de la Armada (ETEA), obteniéndose el beneplácito de su director, comandante Manuel Álvarez Osorio. Se hicieron experiencias de inmersión de probetas con planchas de hierro durante varios meses, en dos épocas distintas del año, para cubrir un ciclo estacional. Las planchas habían sido sometidas previamente a tratamientos de fosfatación y a la aplicación de dos tipos de pintu- ras, uno con cromato de cinc y otro con óxido cuproso. El trabajo de campo comenzó en marzo de 1958 y terminó en diciembre de ese año y fue llevado a cabo enteramente por el personal de Vigo. Para las experiencias se sumergió en el mar, a una pro- fundidad de entre 3 y 4 m, un dispositivo con 32 planchas metálicas dispuestas en parejas en unos bastidores o marcos de madera. Mensualmente se hacían observaciones sobre los organismos in- crustantes y la degradación de la superficie metálica y se hacían placas fotográficas para documen- tar el progreso de la corrosión. Los resultados de los tratamientos debían de permanecer en secreto. Además de la descripción de los resultados alcanzados en los correspondientes informes para la Marina, entre 1946 y 1962 estas investigaciones dieron lugar a la publicación de 14 artículos en el Boletín del Instituto y en diversas revistas nacionales y extranjeras. Existía la previsión de continuar las pruebas sobre superficies de aluminio y aleaciones ligeras, como las utilizadas en las lanchas rápidas, en aviación y en otros usos, pero los trabajos sobre este campo de investigación en el Ins- tituto se dieron por finalizados en 1965.

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