Crónicas para un centenario

CRÓNICAS PARA UN CENTENARIO 105 peces y moluscos. De su diseño e instalación se encargó José Mª Navaz y de su mantenimiento el “acuarista”Albalat. Los especímenes de los acuarios se conservaron en perfectas condiciones de vitalidad, y el éxito de la sala acuario fue tan grande que se mantuvo abierta y funcionando un par de meses más después de concluido el certamen ferial. Posteriormente el Ayuntamiento de Vigo le encargó a Navaz un proyecto para un Acuario municipal, en colaboración con el arquitec- to municipal Sr. Molíns, pero dicho proyecto nunca llegó a realizarse. También le fue solicitado un proyecto para un Acuario municipal en A Coruña que tampoco se llevó a cabo. Años más tarde, cuando fue destinado a San Sebastián como director del Laboratorio Oceanográfico, co- laboró con la Sociedad Oceanográfica para el mantenimiento del Acuario donostiarra, instalado en el Palacio del Mar. En los años 50 el Laboratorio de Vigo alquiló un local en los Pabellones de Empaque de la lonja del Berbés. Félix Cabañas se encargó de supervisar la construcción de unos acuarios en estas nuevas dependencias, que contaban con suministro permanente de agua de mar. En los acuarios se hicieron estudios sobre el comportamiento de peces marcados, observaciones biológicas en moluscos y cultivos de fitoplancton para alimentar las fases larvarias de los moluscos. Nuevamente en los años 60 salta a las páginas de la prensa una noticia sobre una propuesta para la instalación de un “acuarium”, junto con un edificio para el Instituto de Investigaciones Pesqueras. Dicho edificio se iba a ubicar en el muelle cubierto que cerraba la pequeña dársena de refugio para embarcaciones deportivas del puerto de Vigo. La noticia provoca la activación de los planes del Instituto Español de Oceanografía para construir un nuevo Laboratorio cerca del mar con acuarios de agua salada pero ninguno de estos planes prosperó. En los años 70 la acuicultura marina experimenta un gran auge a nivel mundial, para hacer frente a la alta demanda de proteínas para la alimentación humana. Por esta razón el IEO creyó necesario poner en marcha un amplio programa de investigación en cultivos marinos. En 1973 se está edificando un nuevo Centro Oceanográfico en A Coruña y el proyecto contempla la construc- ción de acuarios de agua de mar para experimentación biológica. Son ya varios los Laboratorios del Instituto que disponen de instalaciones propias para la producción de especies marinas. El siguiente paso fue la construcción de plantas piloto, dependientes de los Centros Oceanográ- ficos, para la experimentación y adquisición de conocimientos en acuicultura, transferibles a la producción industrial. En 1981 surgen noticias sobre la próxima construcción de un edificio en Vigo para el Ocea- nográfico, en la playa de Samil, y otra vez vuelve a plantearse la posibilidad de establecer un Acuario en una parcela adjunta. El director del Centro en aquel momento, Rafael Robles, no es partidario de la construcción del Acuario por la fuerte inversión que habría que realizar y por los requerimientos económicos y de personal para su mantenimiento. Por otra parte se consideraba que Samil no era la ubicación más adecuada. Finalmente en 1986 se inauguró el Centro Oceano- gráfico de Vigo en cabo Estay, Canido, con un edificio principal y una amplia planta anexa para experimentación en cultivos marinos. Desde la idea inicial sobre la función de los Acuarios como herramienta educativa y de valor cultural se fue evolucionando hacia una concepción de esas costosas instalaciones como herra- mientas para la investigación en el cultivo de especies marinas y la transferencia de esos conoci- mientos para la producción industrial. En verano se llevó a cabo una campaña oceanográfica en la ría de Vigo, dirigida por Ni- canor Menéndez, físico de los Laboratorios Centrales del Instituto y jefe del Departamento de Oceanografía Física, para el estudio físico, químico y biológico de la ría. Colaboraron en la campaña el biólogo de la Dirección General de Pesca, Olegario Rodríguez Martín, Juan Blanco y Ramón Fernández Crehuet, de la sección de Biología del IEO y otros investigadores del Instituto. El patrón Benjamín Albalat acompañó a los técnicos en las visitas a las playas, para localizar los bancos de moluscos y hacer recogida de muestras, prestando atención

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