Crónicas para un centenario
CRÓNICAS PARA UN CENTENARIO 104 LOS ACUARIOS EN LA HISTORIA DEL OCEANOGRÁFICO El Decreto fundacional del Instituto contemplaba que, a medida que los recursos presupues- tarios lo permitieran, la sede en Madrid contaría con una oficina central, laboratorio, museo ocea- nográfico y acuarium. En la concepción de Odón de Buen, inspirada en la del príncipe Alberto I de Mónaco (fundador del Museo Oceanográfico de Mónaco y del Instituto Oceanográfico de Pa- rís), un museo y un acuarium eran el complemento ideal de un Instituto de Oceanografía, con la función de “ reunir el material de investigación y de uso en el mar, colecciones de animales y plantas, reproducir las asociaciones naturales de los fondos con lamayor exactitud posible… ”. De Buen cono- cía el éxito de los Acuarios en varias ciudades del mundo: Nápoles, Mónaco, Londres, Ámsterdam, Berlín, Nueva York, Manila, algunos de los cuales había visitado personalmente. En su opinión, un acuario añadía a su valor didáctico, la generación de un excedente económico que podía contri- buir a los ingresos de la Institución. En Madrid llegó a proyectarse un edificio para el Instituto en el parque del Retiro, que contaría con un Acuario, pero no llegó a materializarse. Sus ideas se llevaron a la práctica en los Laboratorios Costeros. Así el Laboratorio de Palma de Mallorca, instalado en la rada de Porto-Pí, llegó a contar con“ un hermoso acuario que funcionó du- rante bastantes años, y en el cual se podía admirar la abundante fauna y flora de aquella privilegiada región ”. En Santander, a principios del siglo XX, la primitiva Estación de Biología Marina, precur- sora del Laboratorio Oceanográfico, ya disponía de acuarios. También el Laboratorio de Málaga contó con un Acuario, inaugurado en 1941, que permaneció abierto al público con éxito durante unos años, pero fue languideciendo y en 1954 cerró definitivamente sus puertas. Desde los primeros años 30, en los que se dieron los primeros pasos para la reapertura de un Laboratorio en Vigo, la construcción de un edificio se asociaba con la de un Acuario anexo. En 1933 Rafael de Buen vino a Vigo para conseguir un local para la inmediata instalación del Laboratorio, efectuando “fructíferas gestiones para obtener la cesión de un terreno en el cual pueda edificarse un local definitivo, con Museo y acuario”. En los años 40 se construyeron Acuarios públicos en varias ciudades de la costa mediterránea (Valencia, Barcelona) en alguno de cuyos proyectos llegó a participar Luis Lozano Rey, miembro del Instituto. En Vigo seguía existiendo interés por un Acuario y José María Navaz llevó a cabo en la emisora de radio local una campaña para promover un Acuario Municipal. Al hacerse cargo Antonio Rodríguez de las Heras de la Dirección del Laboratorio, cree oportu- no hacer unas declaraciones, dando la visión del Oceanográfico sobre la función de un Acuario. “ Desde que vine de Madrid a hacerme cargo de la dirección de este Laboratorio Oceanográfico (y de ello hace pocos días) he recibidomás de una sugerencia directa sobre la conveniencia de instalar en la ciudad un Acuario. Este mismo deseo lo he visto reflejado en las columnas de la prensa local ”. “ Vigo puede y debe tener Acuario, a cuyo proyecto de existencia prestará este organismo el apo- yo y asesoramiento que se necesite. Pero su instalación y entretenimiento caen fuera de los límites peculiares nuestros. El Laboratorio Oceanográfico de Vigo no tiene asignadas funciones docentes ni de museo, aunque colaborará en todo momento con el mayor entusiasmo con cuantas entidades culturales se interesen por las complejas cuestiones que se derivan del estudio y explotación del mar ”. “La instalación del Acuario es cosa municipal y turística, de gran interés para Vigo, y que el Labo- ratorio Oceanográfico acogería con cariño, así como alienta que el proyecto sea realidad, aunque no es finalidad suya su creación, por disponerse a iniciar una labor del máximo interés para Vigo, para la región noroeste y para la Nación”. “ Aspira este Laboratorio Oceanográfico a disponer de un edificio propio construido ad hoc de nue- va planta. La construcción de un edificio destinado a ambos fines (delimitando las funciones, actuan- do con autonomía, para que su existencia no distrajera a nuestro reducido personal de otras activida- des) pudiera ser solución que colmara las legítimas aspiraciones locales, y las nuestras a la par”. La celebración enVigo, en 1945, de la Feria del Mar, en la que el Instituto participó comoMiem- bro de Honor instalando un “ stand ”, le dio la oportunidad al Laboratorio de satisfacer, al menos temporalmente, los deseos de la ciudad. En el“ stand ”se construyó una sala acuario con 14 piletas individuales de obra. Cada pileta se acondicionó y repobló con ejemplares de varias especies de
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